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Le Reine de la nuit / 9

                           Capitulo 4: Raphael

-Yo también tengo derecho a saber algo que me incumbe, es algo de mi madre. He dejado de ser una niña, aun no soy mayor de edad, pero ya tomo mis propias decisiones, ¿o no? – Le di una patada con todas mis fuerzas a la silla que se tambaleo para después caer con el respaldo hacia atrás dando un golpe sordo- así esta mi mundo, patas arriba. ¿Tan difícil es para mi padre comprenderlo?
Unos  ojos verdosos me observaron comprensivos y su voz suave se volvió ronca. Raphael, el chico que por poco me llevo por delante con mi bicicleta en un mes ha formado parte de mi vida.
-Creo que entiendo a tu padre, puede ser que no quiere aceptar la realidad de que tu ya no eres una niña y no quiere involucrarte porque considere peligroso que sepas la verdad, no querrá romper todo lo que te rodea y ….
Se interrumpió, trago saliva y su pequeña nuez subió al compás y sus labios finos, los apretó, estaba tan cerca su rostro que podía notar su aliento. Estábamos de pie entre esas cuatro paredes de la habitación y él por su altura se había incorporado ligeramente hacia  mi.
-Cuando quiera te hablara de ellos pero de momento mantente al margen, no lo obligues,  porque si no se seguirá encerrándose.
Me dio la espalda, pasó ambas manos por su corto cabello pelirrojo y resopló. Pude evaluarlo mejor, era ancho de hombros y estrecho de caderas la camiseta blanca estaba tan ajustada al cuerpo que se le quedaba bien ceñida, parecía tenso.
Nos encontrábamos en la segunda planta de un piso alquilado, muy pequeño, en la sala de estar solo había un sofá viejo floreado, una televisión mediana plana, lo único nuevo de la casa, y una mesa cuadrada de madera con grietas y algo descolorida a juego con la única silla que ahora estaba tirada sobre el suelo. 
Raphael, era un chico de unos dieciocho años que venía de un pueblo muy lejano de esta ciudad, Lander me comento que andaba buscando a un familiar que había desaparecido hace meses y con lo poco que ganaba vendiendo sus cuadros podría tener un sitio en donde dormir y comer para así poder seguir investigando la desaparición repentina de su padre, cuando él solo era un niño de 9 años. Pasó por el orfanato para terminar en varias familias de acogida pero solo para los días especiales del año. ¿Y su madre? Su madre murió en el mismo hospital al venir al mundo.
-Como se nota que solo estas de paso. ¿Cuándo te vas?
Él se había ido a recoger la silla mientras le ponía bien la funda elástica negra que ya de por sí estaba mal puesta.
-Cuando sea tu cumpleaños o puede que mañana mismo. Sabes que no estoy mucho tiempo en un mismo sitio. Me quedo máximo un mes. Siguiendo los últimos pasos que dio mi padre con un solo diario de guía.
Asentí con la cabeza apenada, porque de verdad que sentía que había ganado un amigo y pronto lo perdería. Me senté en el sofá, cruce las piernas y como tenia frió estire las mangas finas de mi camiseta negra que llevaba un estampado de un gato blanco relamiéndose, para cubrir mis manos.
-No hagas eso, estropearas la camiseta – me descubrió las manos y me volvió subir las mangas. Me quede empanada mirando sus grandes manos  pero lo que verdaderamente me llamo la atención fue lo pálido que era, nunca había notado lo pálido que era su piel , ese detalle se me había escapado, así que alcé mis dedos y le acaricie, sentí su mano  tan fría como el hielo y sus ojos petrificados relucieron con un tono rojizo. Se puso tenso y escondió las manos en los bolsillos de sus pantalones vaqueros.
-¿Qué pasa?
De repente una palabra me vino a la mente: Vampiro, y aparte la idea, tan rápido como vino, con una sacudida de la cabeza lo de mi abuelo me era difícil de creer, sonaba a ficción. Iba a ser verdad que mezclaba mucho la realidad de las películas. El apoyó su ancha espalda en la pared y de perfil a mí, se quedo mirando a la ventana al bonito atardecer que pronto daría paso a la negrura de la noche. La curva de su mandíbula estaba apretada y hizo una mueca al mirarme de soslayo.

-¿Qué te pasa? – Le cogí del brazo y le mire a sus ojos castaños que estaban medio cerrados – Cuéntame lo que te preocupa, ¿tienes alguna pista?
Me había puesto de puntillas para estar más cerca de su rostro y a la hora de girar su cabeza nuestros ojos en encontraron y se miraron en silencio. Nos encontramos envueltos en un beso fugaz, tan despacio como nuestros labios se rozaron y tan rápidos se separaron. Apartó bruscamente mis brazos que los había pasado alrededor de su cuello.
-Sí, mejor me voy mañana.
Fue abrir la boca para protestar pero sobre mis labios puso su dedo índice.
-Sshh Es lo mejor para ti, Celine. –Abrió la puerta que hizo un rugido molesto y se puso a un lado invitándome a abandonar su piso- Pronto lo entenderás.


Me fuI con la boca abierta E instintivamente pasÉ de coger el ascensor, con pasos lentos baje las escaleras a pesar de estar en la quinta planta, llame a Ruth para que pasara a por mí y porque la necesitaba. 
Y mientras bajaba cada escalón, los recuerdos que tuve después de ese primer encuentro con la bicicleta se pusieron como una cinta de una película que de repente rebobinas.
A partir de ahí, me lo encontraba en todas partes primero ese parque y después, cuando me había propuesto ir al cine sola para ver el estreno de la saga de una película, me acuerdo que apareció a mi lado y soltó:
-Dos entradas para Una Cuestión Resuelta.
Cruce los brazos y lo mire mosqueada, el chico se las dio y Él las pago. Con una gran sonrisa me pregunto:
-¿Quieres palomitas?
Me aparte de la fila y me fui directa a entrar al cine, pero él no me había seguido estaba comprando las palomitas, no tuvo una mejor idea que pedírsela de tamaño grande.
-Me gustan las dulces – con la palma hacia arriba le dije- anda, dame las entradas.
El cogió un montón de palomitas y me las pulso sobre la palma.
-Toma, mentirosilla.
Me miro mosqueado, pero por el brillo de sus ojos sabia que se estaba divirtiendo.
-No estabas invitado.
Me lo pasé bien con él comentando la película y riéndonos, luego me acompaño a casa y le di las gracias, Él inclino su cara a un lado y me dio una leve sonrisa.
No voy a negar que fue divertido ir al cine en compañía y hacer comentarios absurdos mientras nos reíamos a carcajadas.
Hubo más días, como aquel que me andaba esperando en la puerta de mi instituto con las manos en los bolsillos y al pie de las escaleras, sonriéndome de oreja a oreja, y yo con el ceño fruncido baje las escaleras y mi amiga que iba a mi lado, salió corriendo dando saltitos hasta ponerse a su altura.
-¡Hola! – saludo con un gallito y moviendo una mano con una cara de tonta.
Él la saludo sin apartar la mirada de mí, y eso me ponía más nerviosa mientras bajaba cada escalón de esa escalera que se me estaba volviendo interminable a pesar de que solo eran 6 escalones.
Mi bonito saludo fue ponerle mala cara, cruzarme de brazos y poner morros.
-¿Qué haces aquí?
Sus ojos se entrecerraron para abrirlos sorprendidos.
-¿Qué quieres que haga? Pues recoger a mi amiga para después invitarla a comer – su sonrisa se ensancho enseñándome los dientes blancos y su mirada la poso en la alta Ruth - ¿Te quieres venir tú también?
Ruth estaba fija, hipnotizada a saber porque ya que él no tenía nada especial o se ve que era la única chica que no le veía nada, seguía sin pestañear ¿Cuántos minutos llevaría? Entonces Ruth se sonrojo y se paso una mano por la frente, pestañeo suavemente.
-Acepto – su mirada se perdió en el cielo como recordando algo y se dio una palmada en la frente- Mierda, no voy a poder tengo que cuidar a mi hermano pero gracias por ser amable.
-¿A tu hermano? – levante las cejas extrañada, su hermano hoy iba a estar en casa de un amigo,  pero Ruth solo se encogió de hombros.
-Hasta luego, chicos. Divertiros.
Salió corriendo hacia la parada de bus, que estaba solo aun paso del instituto, con sus cortos cabellos castaños al aire.
-¿Entonces?
Estaba fija pensando, que no me acordaba que estaba él aun esperando mi respuesta.
-Claro, pero voy avisar en casa.

Nos fuimos a la parada, de enfrente, a esperar el autobús mientras lo esperábamos no parábamos de hablar en ningún momento, me sentí agusto con él como si lo conociera de toda la vida. Cuando llegamos a nuestro destino para comer me pidió disculpas por no poder permitirse invitarme a un sitio mejor. Un McDonald’s , un sitio cómodo para estar con un amigo así que le aparte la idea de la cabeza de que no lo veía agradable cuando en realidad me encantaba y le dije que hacía tiempo que mi amiga y yo no comíamos afuera, era como mi hermana pero a pesar de perdonarla varias veces veía nuestra amistad muy pobre. No se pero ese sitio fue el lugar idóneo de abrir a otra persona, de contarle lo que sentía y de lo que me preocupaba, de hablarle de mi familia y él me pareció que hizo lo mismo que yo hasta hoy.

Acaricie mis labios con la yema de mi dedo índice, y la confusión se abrió camino por mi mente, solo somos amigos y ese beso… ¿Por qué nos hemos besado?
 “Si, mejor me voy mañana”  esa frase dolió y la punzada en el corazón la hizo muy latente. 


-¡¿ Sabes que hora es?! – le pregunté medio gritando, para que me escuchara entre el ruido que llevaba como música en su radio, mientras que a la vez ella iba conduciendo tarareando la canción y a toda pastilla como si llevara un coche de carreras. Era un simple mini Seat , viejo y blanco, además de que andaba de suciedad hasta arriba, tan presumida que era mi amiga y lo descuidada que era para algunas cosas.
- ¿Decías algo ? – inquirió , sin apartar la vista de la carretera a la vez que aceleraba para adelantar a los mas rezagados y con la otra mano pasó a la siguiente canción cantando- Escuchala, te gustara.
I don't mean to run but every time you come around …."
Le apagué la radio. Ella había parado en un semáforo en rojo y me miraba con un interrogante en su fina cara.
-¿Donde vamos? Se supone que llevas a mi casa… -  me puse lo más seria posible - ¡Te has pasado mi calle!
-No te preocupes, Celi, que he pedido permiso a tu padre convencido por tu abuelo – me sonrió de oreja a oreja , sus ojos color arena brillaban con intensidad y su rostro se asomaron rasgos de niña haciendo una travesura, suavizándole aun mas.
-¿Qué has hecho que? – automáticamente metí la mano en mi bolso marrón, en forma de bola y mini, para coger el móvil cuando ella me dio un manotazo , colándose otra vez dentro, y volvió a poner en marcha el coche.
-Una pequeña locura que se ha ocurrido esta tarde – se rió malignamente al desviar la mirada de la carretera y posarla unos segundos en mi – ¿Oye, que hacías en esa calle? Tu padre estaba preocupado porque no cogías el móvil y me ha llamado histérico, he tenido que inventarme todo al momento, así que por eso estoy haciéndolo realidad.
Se volvió a reír.
-Como también voy arreglada para irme de fiesta….- dije irónicamente, mientras volví a coger el móvil para saber si estaban las llamadas perdidas – se ve que no tenia entonces cobertura.
- No te hace falta, vamos a un sitio sencillo y después a un bar normalillo. Estabas en casa de Raphael ¿a que si?
La mire atónita y por la oscuridad de la noche ella no pudo darse cuenta de mi rostro.
-Celi , es predecible, los únicos amigos que tienes ahora que yo sepa es a él y a mí , y vamos me comentaste que vivía en un mal barrio y te quedaste corta está en la parte de los drogadictos. Lo veo muy mal de su parte que te deje sola para irte a tu casa.
Me hundí en el asiento.
-Por eso te he llamado – agache la cabeza y me pase un mechón por detrás de la oreja. La melena de Ruth era corta y lisa, nunca se le encrespaba, aunque el día fuese el más húmedo de todos lo tenía siempre impecable a diferencia de mí, lo pase a un lado de mi cuello la larga melena y  lo acaricie, lo tenía tan ondulado y grueso que los encrespamientos ganaba - ¿Como haces que te quede tan liso y bonito?
- No hago nada, sabes que siempre lo he tenido así, y no me gusta – estaba mordiéndose los labios centradose mientras aparcaba  el coche, había cogido las referencias y  estaba echando marcha atrás para limpiamente girar las ruedas hacia la derecha. – ¡Aparcado!

EL SILENCIO

siempre es la mejor trampa

"Solo hay un lugar donde puedes verme a solas ¿Quieres que te lo diga?"